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Malos hábitos y errores al volante más comunes

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Algunas prácticas como hablar por teléfono, subir el volumen de la radio o vigilar a los niños pueden ser muy peligrosas y representan uno de los principales errores al volante. Casi el 90% de las personas que conducen habitualmente comete alguno de estos errores y entre el 70 y el 90 por ciento de los accidentes son causados por este tipo de distracción.

Veamos cuáles son estos malos hábitos al volante para procurar evitarlas en un futuro. Algunas de las más comunes son:

  1. Hablar por teléfono: Tener una conversación, responder un mensaje o hacer una consulta, obliga al conductor a perder la visión de la carretera por un tiempo excesivo que puede resultar incluso más peligroso que superar el índice de alcoholemia. Es recomendable que utilices un sistema de manos libres homologado y siempre que sea posible evites realizar cualquier tipo de llamada mientras estés al volante.
  2. Consumo de alcohol: Cada vez los conductores son más conscientes de no beber si van a conducir. Sin embargo, los jóvenes de entre 21 y 34 años siguen siendo los más afectados por esta causa, sobre todo durante el fin de semana. Elegir por turnos un amigo que no beba y conduzca, es una buena solución.
  3. Exceso de confianza: Este factor de riesgo es más común entre los conductores más maduros con años de experiencia al volante y por lo general, público masculino. No señalizar la incorporación a un carril o adelantar cuando no se debe son algunos de los hábitos más comunes que se van olvidando con los años al no realizarlos de forma habitual.
  4. Falta de descanso y sueño: La Dirección General de Tráfico recomienda dormir entre 7 y 9 horas antes de conducir. Sin embargo, muchas veces no podemos cumplir con las horas estipuladas. En ese caso, procura tomar algo de cafeína, realiza una parada cada dos horas, evita conducir por la noche o después de comer y procura mantener una temperatura agradable dentro del coche refrescándolo cada poco tiempo.
  5. Exceso de velocidad: Es una de las principales causas de los accidentes de tráfico. Los límites máximos de velocidad se ajustan a cada vía pero deberemos tener en cuenta las condiciones del asfalto ya que si está mojado o sopla viento fuerte las probabilidades de accidente aumentan. También debes recordar aumentar la distancia de seguridad con el coche que se lleva delante.
  6. Niños a bordo: Es habitual que los padres se inquieten si oyen a su hijo llorar e intenten calmarle extendiendo la mano o girando la cabeza mientras conducen. Este tipo de conducta puede resultar muy arriesgada. Es preferible mirar siempre por el espejo retrovisor sin perder nunca de vista la carretera o parar un momento para calmar al menor, esto tan solo alargará tu viaje unos minutos y será mucho más seguro.
  7. No usar el cinturón de seguridad: Este pequeño gesto podría haber salvado al 22% de las víctimas mortales en accidentes de tráfico. Es la herramienta más eficaz para prevenir las consecuencias de un accidente y multiplica por 5 las posibilidades de sobrevivir en caso de colisión.
  8. Cargar demasiado el coche: Un exceso de peso en el vehículo puede limitar las capacidades técnicas de nuestro coche aumentando el peligro en la conducción. Un exceso de carga puede impedir la realización de maniobras bruscas en caso de producirse un imprevisto en la carretera. Además, es recomendable que dejes espacio suficiente en la parte trasera para poder ver la vía a través del retrovisor interior.
  9. Confundir el embrague con el freno: La falta de descanso, las preocupaciones del día a día o la falta de atención pueden provocar pequeños errores o despistes que pueden causarnos algún susto e incluso un accidente. Por eso, es muy importante mantenerse activo e ir siempre concentrado en la conducción.
  10. Mantener las dos manos en el volante: Algunas costumbres como maniobrar con una sola mano, apoyar el codo en la ventanilla o fumar disminuyen la seguridad en la conducción. Mientras no tengas que cambiar de marcha, procura tener siempre las dos manos al volante para aumentar la capacidad de reacción ante un imprevisto.
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