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¿Cuáles son las normativas en vigor para controlar las emisiones contaminantes?

Con la vuelta al cole llegó la nueva normativa para la medición de las emisiones de óxidos de nitrógeno en los vehículos. Bajo el nombre de Real Driving Emissions (RDE) se esconde el que presume de ser uno de los estándares más exigentes del mundo y que viene a complementar el ciclo WLTP que se puso en funcionamiento hace un año.  Pero si todo esto te suena a chino, vamos a intentar explicarlo de una manera sencilla.

Tipos de gases contaminantes: Dióxido de carbono, monóxido de carbono y óxido de nitrógeno

Son muchas las ocasiones en la que usamos el nombre genérico de “emisiones” o “gases contaminantes” al referirnos a los vapores nocivos que emanan de los tubos de escape de los vehículos.  Sin embargo, no se trata de un único compuesto y no todos tienen los mismos efectos así que en primer lugar, hay que señalar que en las “emisiones” de los tubos de escape hay principalmente tres gases contaminantes.

  • Dióxido de carbono: Sin duda es el más popular, el CO2. Su consecuencia más conocida es el calentamiento global.
  • Monóxido de carbono: Contribuye a la formación de gases de efecto invernadero y provoca una disminución de la capacidad de transportar oxígeno a la sangre, lo que puede ser causa de disfunciones cardíacas o daños en el sistema nervioso.
  • Óxido de nitrógeno: En lo que se refiere a la salud humana, puede afectar al sistema inmunitario o circulatorio y sobre su efecto en la naturaleza, sin duda la propiedad más preocupante es que se le considera responsable de las ‘boinas’ de contaminación o de la lluvia ácida.

tubo de escape con emisiones contaminantes

 

Tipos de homologaciones para la medición de emisiones

Desde hace años se han llevado a cabo diferentes normativas para controlar las emisiones e identificar los vehículos más o menos contaminantes. Un ejemplo son las etiquetas medioambientales de la DGT que se pusieron en marcha en diferentes ciudades españolas, algunas de ellas de manera obligatoria. Conforme aumenta la concienciación, los nuevos reglamentos buscan ser lo más transparentes y certeros posible a la hora de certificar la cantidad de emisiones que tiene cada vehículo. Y para ello existen actualmente dos normativas en vigor, la WLTP para consumo y CO2 y la recién estrenada RDE para partículas y óxidos de nitrógeno.

La primera de ellas se implantó en los 90y se conoció como New European Driving Cycle (NEDC) que, según sus detractores, no estaba preparada para representar la conducción real por lo que los valores que proporcionaban distaban mucho de la realidad. Esta divergencia resultaba especialmente evidente en los niveles de consumo; la brecha entre las cifras homologadas bajo esta normativa y las reales llegó a ser de hasta el 40%.  Esto, unido al mediático dieselgate que se produjo en 2015, hizo que la normativa evolucionase y, en 2018, se implementara la Worldwide Harmonized Light Vehicles Test Procedure (WLTP).

En realidad, WLTP es un organismo internacional que se encarga de establecer los procedimientos por los que deben medirse tanto la autonomía de los vehículos como su nivel de consumo de combustible y de emisiones contaminantes. Para ello pusieron en marcha un proceso  más dinámico, con velocidades más altas durante más tiempo, para recrear de una forma fidedigna las condiciones de conducción actuales.

La otra normativa que ha entrado en vigor el pasado 1 de septiembre es la mencionada RDE que presume de ser la primera en todo el mundo que se lleva a cabo directamente en carretera y que mide, en condiciones de conducción reales, las partículas y las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx).

Eso sí, aunque los niveles de emisiones de Nox  de los vehículos se han reducido un 84% en 15 años según la industria de automoción, los expertos apuntan a un problema que no pueden solucionar estas normativas: la antigüedad del parque automovilístico. Señalan que de poco sirve mejorar las homologaciones de los nuevos vehículos si no se retiran los antiguos y más contaminantes. La edad media del parque automovilístico español en 2018 era de 12,4 años.

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